viernes, 29 de junio de 2012
Desde el puente de Carlos IV
El cielo, de un gris acaramelado en Praga... no importaba la fecha, aunque creo que fue un frío día de Diciembre, aun no estoy segura. Del bolsillo desenfundó una daga en forma de papel que cada que leía rompía de nuevo su corazón. Miró a su al rededor y volvió a sentirla cerca. Sin previo aviso salieron dos lágrimas de sus ojos que al caer al suelo se confundieron con las gotas de lluvia tenue que helaban su alma. Le echó una última mirada a su daga, sintió el viento en su rostro y con una sonrisa que aun no sé cómo explicar se lanzó a la tranquilidad de la vida eterna.
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