martes, 31 de mayo de 2011

Amelia

¿Dónde estoy? - fue su primer pensamiento.
Se escuchó su estrepitosa risa y acto seguido, intentó pararse, pero fue en vano. 
La amarraban dos cables luminosos de grueso calibre a una especie de mesa para cirugías. Se preocupó y rápidamente intentó recordar lo que había pasado el día anterior, esa mañana, esa tarde, esa noche; pero no funcionó, si quiera podía recordar cuánto tiempo había pasado allí. Su memoria estaba en blanco... no recordaba cómo había llegado a esa habitación pequeña, de olores penetrantes y luces apenas resistibles para sus recién abiertos ojos... y mucho menos, cómo era que su ropa había cambiado de color, de textura y hasta de aroma. Sin embargo, al ver un mechón de su pelo de reojo, en su cabeza una y otra vez resucitaba una sola pregunta: cómo carajos era que su pelo en vez de rubio, era azul. 

Sus manos temblaban intentando contener esa risa nerviosa que siempre la acompañaba. Sin embargo, la confusión tomó otro tinte cuando vio entrar una figura masculina, grande, ostentosa, de piel reluciente y mirada encantadora, que al acercarse a la frágil Amelia esbozó una gran sonrisa, descargando una bocanada de aire tóxico que la dejó un tato más desubicada. Aquel hombre se retiró dejándola sola, pero Amelia quería hablar un poco con aquel ser extraño y al intentarlo se dio cuenta de que su lengua estaban encima de una repisa

Desquiciada, intentando quitar el par de cables que la tenían indefensa empezó a llamar con gritos imaginarios al hombre encantador. Como si fuera un acto de piedad, volvió con aire de consuelo y un par de alicates en las manos, le dijo que no tuviera miedo. Amelia comprendió por fin que su juicio divino estaba por darse y se encomendó en cuerpo y alma al ser que siempre negó. Tranquilamente apoyó la cabeza en la superficie de muerte y frío, dejando que sus ideas le empezaran a salir por los oídos, regándose por toda la superficie de metal.

Sintió con fuerza cómo le arrancaban el alma del cuerpo, y una pregunta seguí rondando su cabeza: cómo carajos era que su pelo en vez de rubio, era azul. 

lunes, 30 de mayo de 2011

Putas Locas.

No tenían en cuenta la hora, reían, cantaban, gritaban de felicidad. El humo las traía medio brutas y los peldaños a su vez eran gigantes montañas que ellas tenían que escalar. De repente y como en una pasajera alucinación, el mundo les quedó al revés.
Sonó el chillido de una puerta, allí se encontraban ellas, todas agrupadas en el marco de una puerta que estaba de cabeza, miraron a su al rededor y al no encontrar nada, se echaron a reír de nuevo.
Un segundo después, las luces no estaban, la habitación había quedado sumergida en medio de la oscuridad, oscuridad que las hizo retroceder.
Cuando se disponían a entrar en la estancia siguiente a la puerta grande de madera oyeron una voz que les puso cada vello del cuerpo erecto, se les pasó el mareo, las risas se disiparon y el aire que había en sus pulmones ya no estaba. Se ahogaron en un tremendo grito que las dejó casi muertas.
Una a una... fueron cayendo como sacos de carne molida -que a decir verdad, eso eran ahora-.

domingo, 29 de mayo de 2011

Pasaran más de mil años

De paso te fui extrañando, tomando pasos que no eran míos, viendo cosas que no existían, bebiendo de vasos rotos y soñando en almohadas vacías. 

Le pedí infinitas veces a la luna que no me abandonara, que no me abandonara para no sentir el frío que traían las mañanas... Tu ausencia duele.

Ya sin nada qué hacer te pienso con alegría pero con la voz quebrada, intentando ver un horizonte en el que aparezcas tú de la nada dándome la mano para saber llegar al "infinito y más allá".

Fueron tantas las veces que maldije mi suerte por alejarte de nuestro lado que ya perdí la cuenta, pero el tiempo -sin curarlo todo- me ha dado respuestas que poco a poco han hecho que le dé las gracias a la vida; gracias por enseñarme a valorar, gracias por darme la oportunidad de querer, gracias por hacerme mirar más allá, gracias por demostrarme que yo sola puedo respirar y que aún cuando todo el mundo esté en mí contra, puedo hacer cosas que nunca nadie imaginó; por mi felicidad y mi paz. Sin embargo, intento salir de los agujeros en los que caí por culpa de las mañanas que no vi venir y de los cielos grises que nunca desaparecieron. 


sábado, 28 de mayo de 2011

Mañana.

Y como en un sereno trance, cantaba su pena, estaba solo; podría decirse que con sus pensamientos le bastaba para sentir como el universo -pálido y vacío- giraba en torno al corazón de un mediocre comportamiento. 
Acercó el cigarro a sus labios, nada parecía agradable. De pronto, sonrió y en un tenue susurro descubrió lo que por mucho tiempo le había carcomido el alma. 
Entre el humo y la desgracia de saberse solo, recogió el poco licor que le quedaba encima del taburete, se puso de pie y en un abrir y cerrar de ojos el tiempo se había detenido. Todo estaba congelado. 
Las agujas de los relojes ahora parecían señalar su desgracia, sumido en el lacónico minuto en que su alma se redujo a la nada, sonrió y con la mano en el pecho empezó a llorar. 
Por fin había entendido que las mañanas sin ella no eran de su agrado, las tardes y noches eran más frías que nunca y el silencio que inundaba la habitación ahora era insoportable. Intentó de nuevo subir por las escaleras con la ausencia de su amor a cuestas, pero no lo logró. 
Así fue hasta el final.
Ahora el incumplimiento de sus promesas le revoloteaban como mariposas en la cabeza, haciéndole destruir su cota de maya y tirándola lejos para perderle de vista. Ya todo esfuerzo era en vano. Ella estaba muerta y él ya no tenía esperanzas. 

viernes, 27 de mayo de 2011

Al principio.

Esa loca idea de volver lo traía con la serena convicción de que el más allá pronto seria el más acá. Sofocaba deseos de salir corriendo, intentando no tomar decisiones que perjudicaran un poco más a aquel ser amado.
Lloraba, gritaba, gemía... todo esto en un instante de cordura extrema, antes de que las lágrimas brotaran de sus ojos, antes de que fueran cortadas rápidamente por una mano fría, déspota y un tanto temblorosa. Lágrimas que minutos después harían un surco en el papel, surco que se iría prolongando por cada una de la arrugas de su labio superior. 
Ahora no intentaba nada, todo se le había ido; el tiempo, las caricias, los sueños, los anhelos y hasta el rencor que le guardó a su propia vida durante años. 
El desespero se torno insoportable y el cielo pintado de colores bellos intentó apagar de nuevo su dolor mandándole pistas para encontrar un nuevo corazón, pero de nada sirvió. 
Ahora tendido en aquel suelo gris, yacía una marcha color carmesí que nunca se le olvidaría a los que un día  lo dieron todo por él. 
Las nubes se agruparon y de ellas empezaron a caer lágrimas, lágrimas que poco a poco iban inundando la calle entera. 
Todo estaba pintado de locura y soledad, de amargura y desvelo, de penas y corazones rotos. Nadie sabia qué pasaba, el frío ya no era tan frío, el viento ya no era tan viento... era un poco más pesado. Y hasta las almas felices, ya no eran tan felices, derrumbando los sueños que habían construido poco a poco.
Sentí cómo se me heló el pecho; temblaba, lloraba, gritaba y gemía como minutos antes lo había hecho él, desesperada y sin  saber que hacer... lo vi. De pronto sentí la amargura de la impotencia, de la soledad, del entender que para mi, ya no seria un hasta pronto... no, ya no seria así, sería un Adiós, a secas, pues ya no tendría más qué decirle.
Ahora que sé que lo veré después, pero no dejo de pensar en el "cómo", pues por ese cómo, probablemente muchos lloren como yo lloré por él. 
El día que vea de nuevo su piel, sus ojos, su pelo... ese día yo tampoco perteneceré al mundo de lo tangible, al mundo de los hombres, al mundo terrenal.