Es la
historia de una puta, si, así es... de una puta.
Ella, en medio de sus delirios de grandeza, murió asfixiada dentro
de un feo y abandonado auto sin ruedas, un 19 de septiembre de 2010... ahora,
no sientan mayor culpa por lo que pasó, igual no pueden hacer nada, hace más de
1 año que ella ya no está entre los vivos. No me importa, sin embargo les
contaré cómo murió...
Eran como las 10 de la mañana, yo paseaba por la carretera con mis
amigos, la vi, me pareció la mujer más bella del mundo ¡mis ojos no podían
creerlo! estaba a menos de 10 metros y parecía que me miraba. Casi podría
afirmar que era una estatua, sin embargo cuando oyó el sonido del claxon de los
autos se movió hacia las otras mujeres que la acompañaban. Tomé aire y en un
arrebato de locura me le acerqué alejándome poco a poco de mis compañeros de
camino. Le dije que me
llamaba Brotè, que quería tomar algo con ella y que
si era de su agrado podríamos vernos a las 8 en el café de la estación 115 con
Manhattan... ella sin titubear aceptó mi propuesta y esa noche a las 7:50
estaba allí, oliendo a Paco Rabanne... já! es irónico, esa loción fue un regalo
de la novicia enamorada que también maté hace unos años, pero no nos desviemos
del tema... ahora lo importante es contarles las razones por las cuales estoy
aquí.
Ella llegó como
10 minutos después, se disculpó con una retórica sonrisita, (que a mi parecer
pudo haber matado a cualquier transeúnte despistado que
la observase desde la acera de enfrente) luego se sentó a mi lado
empezó una charla amena sobre el último libro de Borges. Todo iba bien, hasta
que ella se levantó de su silla y de un momento a otro me besó... en ese
momento y en mi pura inocencia no había caído en cuenta de que ella
era una mujer fácil así que ¡Quedé en shock! ¡Por Dios! yo solo quería hablar
con ella, nada más. Me sentí decepcionado y en ese momento tomé mi decisión.
La llevaría
hasta el parque de la avenida Concordia y allí podría darle de mi muy especial
Jack Daniels Hard Cola. En realidad no era whiskey con cola solamente, mi vaso
también contenía Tetrodotoxina y en menos de 6 horas estaría muerta. La llevé
hasta el parque pero la desgraciada no recibió de mi vaso... me enfurecí y
fingí estar muy indignado por tal desplante. Entonces, tuve que cambiar mis
planes.
Empezamos a
caminar por la orilla del lago, ella se me insinuaba y
yo, haciéndome el "interesante" la ignoraba de vez en
cuando. Por fin llegamos al puente de piedra que unía ambas orillas del lago,
desde allí vi el auto que después serviría como cómplice para mi estocada
final. Así que la llevé hacia allá y le dije que quería estar con
ella dentro del auto, ella accedió y entramos en el desbaratado cacharro.
Mientras ella
se quitaba su apretada blusa yo buscaba entre mis bolsillos la cuerda que
siempre llevaba conmigo, cuando la encontré la saqué y ella —con la mirada llena de perversión — me dijo que si quería amarrarla
de alguna de sus extremidades para que la experiencia fuera más excitante, a lo
que yo le respondí que no y acto seguido me abalancé sobre ella, tomándola por la garganta, intentando que se quedara
quieta pues no podía hacer que la cuerda que tenía en mis manos pudiera pasar
al rededor de su ya morada garganta. Al final creo que se resignó y entendió su pobre
destino. Así que apreté con todas mis fuerzas y ella se desmayó —o eso me
hizo creer por unos segundos— después en medio de mi agitada respiración le di
la espalda para regocijarme por mi hazaña y en el momento que menos lo esperaba
ella sacó de entre su falda un pequeño puñal que enterró en mi espalda.
Loco de ira me voltee y como ella aun tenía la
cuerda al rededor de su cuello terminé estrangulándola como al
principio... se desvaneció por fin y cayó entre las sombras. Yo salí del auto
triunfante, con la firme satisfacción del deber cumplido y ahora, estamos aquí
en medio de la prisión que labramos con nuestros actos y les soy sincero... El
infierno no es tan caliente ;)