domingo, 7 de agosto de 2011
I, II y III
AMARGURA.
Ha pasado el tiempo y su partida me ha mostrado noches de amargura y días de desesperación, esta vez no pude dejar de amarlo, ahora, siento su presencia como si estuviese acompañada por la brisa que libera mi alma y hace de colores las nubes que van por mi camino.
Nada queda ya, solo recuerdo sus ojos hermosos que hasta el último momento me mostraron lo valiente y cobarde que puede llegar a ser una despedida.
Recordaré por siempre el día en que llegué a esa oscura, odiosa y lúgubre prisión sólo para recuperar su cuerpo y darle una despedida un poco más digna de la que allí le darían.
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