jueves, 8 de noviembre de 2012

Relato de un asesino. Parte II

La tristeza y la aburrición me están matando, la sonrisa y la cara bonita ya no se presentan en este cuerpo frágil y débil. La situación es terrible, le pido perdón si de una u otra forma hago que usted se ponga triste con lo que escribo, pero es mi única forma de desahogo. Escribir y escribir diciendoles a todos esos hijos de puta que nunca merecieron una lágrima mía, decirles que no lloro de tristeza, sino de enojo... de frustración, de no poder actuar porque ellos nunca me lo permitieron, en cambio si me callaron y me pusieron un alto imaginario, el cual, yo nunca respeté y por eso me gané su desprecio y su odio. Sin embargo, no me importa, no siento el más mínimo sentimiento de culpa por haberlos matado, no me arrepiento de haberlos crucificado con sus propias contradicciones, no me arrepiento y volvería hacerlo si se me presentara la oportunidad en el infierno.

Sepan pues amigos que mi tristeza y mi aburrimiento en este mundo de mortales no ha sido en vano, todo lo que soy y todo lo que tengo se lo debo a mi deliciosa experticia en parecer desinteresado, más sin embargo lo he preparado por años. El arte de matar también tiene su pizca de amor.

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