viernes, 27 de mayo de 2011

Al principio.

Esa loca idea de volver lo traía con la serena convicción de que el más allá pronto seria el más acá. Sofocaba deseos de salir corriendo, intentando no tomar decisiones que perjudicaran un poco más a aquel ser amado.
Lloraba, gritaba, gemía... todo esto en un instante de cordura extrema, antes de que las lágrimas brotaran de sus ojos, antes de que fueran cortadas rápidamente por una mano fría, déspota y un tanto temblorosa. Lágrimas que minutos después harían un surco en el papel, surco que se iría prolongando por cada una de la arrugas de su labio superior. 
Ahora no intentaba nada, todo se le había ido; el tiempo, las caricias, los sueños, los anhelos y hasta el rencor que le guardó a su propia vida durante años. 
El desespero se torno insoportable y el cielo pintado de colores bellos intentó apagar de nuevo su dolor mandándole pistas para encontrar un nuevo corazón, pero de nada sirvió. 
Ahora tendido en aquel suelo gris, yacía una marcha color carmesí que nunca se le olvidaría a los que un día  lo dieron todo por él. 
Las nubes se agruparon y de ellas empezaron a caer lágrimas, lágrimas que poco a poco iban inundando la calle entera. 
Todo estaba pintado de locura y soledad, de amargura y desvelo, de penas y corazones rotos. Nadie sabia qué pasaba, el frío ya no era tan frío, el viento ya no era tan viento... era un poco más pesado. Y hasta las almas felices, ya no eran tan felices, derrumbando los sueños que habían construido poco a poco.
Sentí cómo se me heló el pecho; temblaba, lloraba, gritaba y gemía como minutos antes lo había hecho él, desesperada y sin  saber que hacer... lo vi. De pronto sentí la amargura de la impotencia, de la soledad, del entender que para mi, ya no seria un hasta pronto... no, ya no seria así, sería un Adiós, a secas, pues ya no tendría más qué decirle.
Ahora que sé que lo veré después, pero no dejo de pensar en el "cómo", pues por ese cómo, probablemente muchos lloren como yo lloré por él. 
El día que vea de nuevo su piel, sus ojos, su pelo... ese día yo tampoco perteneceré al mundo de lo tangible, al mundo de los hombres, al mundo terrenal.



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