Desnuda, una noche como cualquiera escuchaba la voz del inocente viento que pasaba por allí, pensó que tal vez podría ser su confidente, así que empezó a susurrar su pasado a ese viento que hacía recorrer un escalofrío profundo por su espalda, pasando por sus caderas y llegando hasta la punta de los dedos de sus pies.
Reveló secretos, lloró, pensó, extrañó y después de esa mezcla inusitada de sentimientos y sentires volvió a su estado inicial. Aquella alma perdida volvía a sus grandes expresiones de lujuria y erotismo que siempre consentía en su cabeza y corazón.
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