domingo, 5 de febrero de 2012

Adiós Alma Mía

(...) y pensé: "Sé que es él, más no es su boca, no son sus manos, no es su alma. Sé que es él pero no son sus sentimientos, no es su corazón, no es su mirada, sus ojos son diferentes, su sonrisa también, su piel no es la misma."
-¿Quien eres tú? No te conozco, no eres el mismo del que me enamoré. ¿Donde quedaron esos ojos que me recordaban que nunca iba a estar sola? 
En su frente aparecieron arrugas, sus parpados estaban caídos. En su boca ya no se dibuja una sonrisa. Pregunté de nuevo: ¿Qué te paso? ¿Donde estuviste? ¿Por qué no regresaste? 
Las palabras se agolpaban en sus labios sin lograr decir algo coherente. Brotaron lágrimas de sus ojos, intentó sonreír y con la voz entrecortada dijo:
-Te extrañé. 
Mis labios no quisieron abrirse, en mi garganta se formaba un nudo enorme, sentí como todo mi mundo se caía, el corazón me decía que quería salir corriendo para ponerse a salvo de tanta destrucción. Entendía lo que estaba pasando más no quería aceptarlo. Respiré, de pronto mi cuerpo necesitó un abrazo, entonces, sin sentir restricción alguna lo abracé, lo abracé tan fuerte que sentía como latía su corazón. Decidí no separarme de su pecho, más él me apartó y con la amargura reflejándose en sus ojos dijo que se tenía que ir.
Mi alma se pego a su chaqueta en ese mismo instante. Ahora que ha pasado tanto tiempo desde aquel día recuerdo con tristeza esa despedida, extraño mi alma y por añadidura lo extraño a él. Que difícil es desprenderme de ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario