De paso te fui
extrañando, tomando pasos que no eran míos, viendo cosas que
no existían, bebiendo de vasos rotos y soñando en
almohadas vacías.
Le pedí
infinitas veces a la luna que no me abandonara, que no me abandonara para no
sentir el frío que traían las mañanas... Tu ausencia duele.
Ya sin nada
qué hacer te pienso con alegría pero con la voz quebrada, intentando
ver un horizonte en el que aparezcas tú de la nada dándome la mano
para saber llegar al "infinito y más allá".
Fueron tantas las veces
que maldije mi suerte por alejarte de nuestro lado que ya perdí la cuenta,
pero el tiempo -sin curarlo todo- me ha dado respuestas que poco a
poco han hecho que le dé las gracias a la vida; gracias por enseñarme a
valorar, gracias por darme la oportunidad de querer, gracias por hacerme mirar
más allá, gracias por demostrarme que yo sola puedo respirar y que aún cuando
todo el mundo esté en mí contra, puedo hacer cosas que nunca nadie imaginó; por
mi felicidad y mi paz. Sin embargo, intento salir de los agujeros en los
que caí por culpa de las mañanas que no vi venir y de los cielos grises
que nunca desaparecieron.
No hay comentarios:
Publicar un comentario